
Son mujeres enclaustradas, que componen, originariamente, cantos de alabanza para que las monjas de su comunidad los interpreten. Carles Magraner, con su grupo de Ministrers, nos ofrece cantos de la inabarcable Hildegarda de Bingen, del Códice de las Huelgas, de la abadesa Herrada de Landsberg y las Clarisas de Palencia. A estas alturas, y después de décadas de música antigua en la Semana de Estella, nos siguen resultando novedosos algunos timbres sacados de las copias de los instrumentos que bajan de nuestros pórticos de iglesias, o saltan de de los libros iluminados. Por no hablar del sonido que Magraner consigue de la viola de gamba (dos formatos), absolutamente poderoso dentro de su sombreada calidez.
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Noticias de Navarra. Teobaldos
PAMPLONA | 06·10·26
